El primer beso

Autora: Adislenis Castro Ruiz

Nino es un niño travieso, de rizos claros. La maestra está impartiendo una clase sobre los anfibios, pero él no la escucha. Está mirando a través de la ventana la mariposa rojiamarilla, que revolotea por el jardín.Tiene deseos de estar fuera disfrutando del aire fresco y del perfume de las flores y no dentro, donde se siente tanto calor. Así estaba Nino, distraído en sus pensamientos cuando apareció ella, la niña nueva. La maestra la situó frente a todos y dijo:

        –  Su nombre es Clara, tienen que respetarla y cuidarla como a  las demás niñas del grupo…

La maestra seguía hablando, pero ya Nino no escuchaba. Desde ese día quedó admirado por la dulzura de Clara, hubiera querido que la sentaran a  su lado, pero no; fueron a situarla junto  al antipático de Carlos. Ya Nino no miraba por la ventana la mariposa rojiamarilla, ahora su mariposita era Clara. Disfrutaba examinar su cabellera negra bien peinada y recogida con un pequeñito lazo blanco que en ocasiones se le giraba.¡Cómo hubiera querido acercarse y arreglarle el lacito que se le veía tan lindo!, pero no se atrevía. Ni siquiera podía hablarle, solo la miraba y disfrutaba la sonrisa de la niña cuando notaba la persistencia con que Nino la contemplaba. El niño, cambiaba con ligereza su mirada a otro lugar, pero no por mucho tiempo, al instante estaba enfocada de nuevo en Clara. A veces, a escondidas, sin que se dieran cuenta, la observaba jugar a través de los cristales de las ventanas de la escuela o dibujaba un corazón en un  papel con su nombre y el de ella, pero luego lo borraba, estrujaba la hoja y la tiraba a la basura. 

Siempre estaba preparando un discurso, en su alocada cabecita infantil, de lo que le diría al otro día. Quería decirle lo bonito que tenía sus ojitos negros y lo lindo que le lucían los cachetes sonrosados; quería invitarla a su casa y enseñarle sus soldaditos de plomo; quería tomarla de la mano y pasearla por el parque para que nadie la ofendiera; quería tantas cosas y no se atrevía a nada.

Solo la maestra percibía lo que pasaba,  sabía muy bien cómo el niño había cambiado en los últimos días. Ya no miraba por la ventana, cumplía veloz con los ejercicios de la clase, no tiraba de las trenzas de las otras niñas. Ella sabía la causa de todo su cambio… Clara.

Hasta que un día se decidió. Clara se había quedado en el aula, no había salido al patio a jugar como en otras ocasiones. La maestra los observaba con el rabillo del ojo. Nino se le fue acercando poquito a poquito, como si fuera la mariposita rojiamarilla y tuviera miedo de que se le fuera volando. La niña sintió su presencia y se viró. Él quería hablar pero no podía, se le había hecho un nudo en la garganta, solo se le fue acercando cada vez más hasta que pudo sentir su aroma.¡Qué delicioso olía Clarita! A lluvia fresca y perfume de rosas. Sintió un calor muy intenso que le enrojeció lacara. El corazón le empezó a palpitar mucho más fuerte y en un impulso, sin pensarlo, rozó con sus labios la mejilla de ella y le dio un beso, su primer beso; pero fueron tantas las emociones, que dio un giro y salió corriendo para el patio y se perdió lo mejor. La carita  entre asustada y complacida de su añorada Clarita, que llevó una de sus manitas a la cara y acarició con los dedos el tierno beso de su amiguito.

La maestra corrió a la ventana y ahí estaba Nino, en el patio dando volteretas y brincos, desbordante de alegría. En el jardín seguía revoloteando como siempre la mariposita rojiamarilla.

Con una sonrisa en los labios la maestra vuelve a su mesa, toma un lápiz en sus manos y busca un cuaderno grande donde comienza a escribir: Nino es un niño travieso, de rizos claros…

Enlace permanente a este artículo: http://adisgib.cubava.cu/2015/08/14/el-primer-beso/

Deja un comentario

Tu email nunca se publicará.