El tapiz de los reflejos

Autora: Adislenis Castro Ruiz

La señora Victoria es una exótica mujer. Todo lo que le sucede lo asocia a poderes milagrosos. Casi nadie la visita y los niños del vecindario le temen por su aspecto desaliñado. Aunque es bastante entrada en años, aún conserva esa piel tersa de joven quinceañera y esa mirada azul traslúcida que se le pierde en la lejanía como tratando de descubrir todo el universo que le rodea. Gusta de vestimentas extravagantes, por lo general, de colores oscuros que revelan su verdadera imagen interior de mujer apartada del mundo, resguardada de los ojos de la muchedumbre. Prefiere zapatos extraños, peinados antiguos y mucha bisutería que hace colgar de cualquier parte de su cuerpo.

Hoy amaneció asustada. Así reacciona cuando escucha el silbato del cartero cerca de su puerta. Le estremecen las malas noticias. Recuerda que la última vez que llegó este funcionario vestido de azul, fue para anunciarle el agravamiento de la enfermedad de su abuela. Días después, la anciana murió. Desde entonces cambió mucho; dejó de arreglarse, perdió el trabajo y se encerró en su casa a vivir de sus pocos ahorros. Abandonó sus extravagantes vestimentas, de color oscuro casi siempre, sus extraños zapatos, peinados antiguos y echó a un lado toda la joyería que tanto le agradaba lucir alrededor de su largo cuerpo de mujer exótica.

Ahora está de pie. Frente a ella, un telegrama. No se atreve a abrirlo y piensa que lo mejor sería consultar su tapiz. Ese que cuida con mucho cuidado desde  que el mundo es mundo.

El tapiz de la señora Victoria no es una pintura cualquiera. Ella confía en lo que ve reflejado en él; es como su espejo mágico. Hace algún tiempo era una bella pintura, pero desde que murió su abuela se ha convertido en una recua de caballos negros cruzando un lago, un fondo verde, unas montañas imperceptibles y unas nubes grises que ocultan el sol.

Victoria toma en sus manos el sobre y se acerca a su dormitorio. Las temblorosas manos hacen que también vibre la noticia. La boca refleja una incontenible mueca como del que espera un pesimismo de golpe y porrazo. Cree que las piernas no le van a acompañar en este momento de tanta tensión, por eso se auxilia de una de las esquinas de su lecho, bastante desorganizado.

Corre las cortinas de las ventanas para que se filtren unos pocos rayos de sol y poder examinar bien su tapiz. En el cuarto se otea la dejadez: una mesita de noche con varias prendas de vestir desdobladas; un gran librero, igualmente desatendido, con literaturas de diferentes géneros; una pequeña máquina de escribir y apuntes de escrituras por uno y otro lado. 

Sentada en el lecho comienza a observar el dibujo. Los caballos, ahora dorados, van tomando forma ante sus ojos. Todavía no puede definir si son trece o catorce, pero eso nunca lo ha sabido. El agua del lago está azul, apacible, transparente, solo quebrantada por el impetuoso chapotear de los alazanes. Alrededor se extienden un verde pasto y un bosque de coníferas. Victoria se estruja los ojos, se acerca un poquito al dibujo para poder ver mejor y descubre un caminito que antes no estaba: un sendero que se abre paso entre los pinos y llega hasta las montañas nevadas. Las nubes grises se han disipado dejando solo el color azul celeste. Victoria no necesita más señales, abre rápidamente el telegrama y lee:

“… le informamos que el cuento enviado a nuestra editorial ha sido aprobado y necesitamos su presencia para completar algunos ajustes…”

Feliz por lo que acababa de leer, se dirige hacia el cuarto de baño. Peina sus cabellos y maquilla su rostro. Ya no parece la mujer descuidada de hace unos minutos y, satisfecha, se dirige hacia la puerta. Parte en busca de sus sueños.

En su dormitorio las cortinas permanecen abiertas y las imágenes en el tapiz se reflejan con mayor energía. Los catorce caballos alcanzan la otra orilla del lago y galopan por la senda entre los árboles. El sol emerge entre las montañas nevadas calentando suavemente la tierra y en el pasto aparece milagrosamente, un colorido y exuberante jardín.

 

 

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2 comentarios

  1. Adislenis: Interesante el cuento… lleno de imaginacion y de agradable lectura, espero que siga escribiendo, sin apuro, pero con muchas ganas, ah!… revisa el uso sinonimos y cuida de ser repetitiva de palabras como (Exotica)…suel eser muy util… saludos

    1. Muchas gracias por su opinión, lo tendré presente. No soy escritora ni nada que se parezca, pero a veces tengo mis ideas y me hace sentir bien cuando lo escribo, mejor me siento si aunque sea a una persona le gusta. Acepto cualquier sugerencia.

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