Siete de diciembre

DSC05272_912x684Siete de diciembre, amanece. El despertador ha sonado hoy más temprano de lo habitual. En la casa comienza un alocado ir y venir. La joven estudiante agrega nuevos accesorios a su uniforme de preuniversitario: guantillas blancas, brazalete oscuro y una boina negra con una reluciente estrella roja. La madre se esmera con el peinado de la chica mientras, apresurada, termina las labores de la cocina. El padre, pendiente del reloj, va alertando para no llegar tarde.

Comienza el día. Con los primeros rayos de sol el cielo se va tornando azul, ni una nube, ni tormenta alguna, puede empañar la solemnidad del momento. Por las calles de Gibara la población se concentra en su parque principal. En cuadros apretados, se llenan las calles alrededor de la plaza.

DSC05268_912x684Mientras la concurrencia espera, algunos extranjeros se interesan por lo que sucede y la respuesta no se hace esperar: “…un día como hoy murió en combate Antonio Maceo, El titán de Bronce, y hace 27 años se escogió este día para regresar a nuestras tierras los restos mortales de los internacionalistas que perdieron sus vidas generosamente ayudando a otros países…” Desde entonces, año tras años, el pueblo rinde homenaje y acompaña a los familiares de todos los que cayeron cumpliendo con sDSC05270 recu deber.

Varias semanas de entrenamiento bastaron para que los jóvenes del preuniversitario hicieran lucir la Compañía de Ceremonia. Ni el sol ni las horas de esfuerzo físico les disuadieron de cumplir con su tarea.

A una orden, la compañía adopta la posición de firme y el corneta de la Banda Sinfónica Municipal, con su toque de silencio, acaba con el bullicio del pueblo. Sendas ofrendas florares son depositadas en los bustos de Antonio Maceo y José Martí. Minutos después comienza la ordenada peregrinación hasta el cementerio.

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Delante, reclutas del Servicio Militar llevan las ofrendas, les sigue la banda de música que, con su amplio repertorio de marchas patrióticas, marca el paso de los estudiantes que marchan detrás. Luego, los representantes del gobierno, del PCC y cuadros municipales.

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Entre la multitud destacan los uniformes multicolores representando diferentes sectores de la población y los combatientes ostentando orgullosos en su pecho medallas otorgadas por el deber cumplido.

DSC05299_912x684 medallas

DSC05327_912x684  En el acto, en el cementerio de los caídos por la revolución, se detonaron salvas mientras se entonaban las notas de nuestro himno nacional. Al pase de lista, todos gritamos con entusiasmo: ¡Presente! Emotivo fue ver a las ancianas madres y familiares depositando sus flores en los nichos que guardan los restos de sus seres queridos.

La mañana avanza y con ella la fuerza de un sol que se siente más veraniego que decembrino. Al ver el orgullo de mi hija con su boina negra, recuerdo con nostalgia el día en que, hace 27 años, me correspondió a mí, como estudiante de pre universitario, acompañar hasta el cementerio las honras fúnebres de estos héroes, inmortales porque vivirán por siempre en la memoria de todos los gibareños.

 

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