Es imposible ca
minar por Gibara, por sus plazas, sus calles, y no detenernos ante la belleza arquitectónica de la Iglesia Parroquial, consagrada por primera vez el 11 de junio de 1853 por el entonces arzobispo de Santiago de Cuba, de origen catalán, Antonio María Claret, hoy San Antonio María Claret. Pero este no fue el primer inmueble que dotó a la Villa de un lugar de culto y consagración. Anterior a su construcción existió una edificación de madera y teja que se bendijo en marzo de 1820, pero que, debido a los endebles materiales que se utilizaron, fue deteriorándose rápidamente. Según escritores de la época la describieron de la siguiente manera:
“Todo el ornamento de aquel modesto templo consagrado al culto católico se componía de un altar y púlpito, ambos de madera de pino, pintado de blanco con filetes dorados, un tanto destruido el oro por la acción del tiempo, pues así el altar como el púlpito eran despojos de la parroquia de San Isidoro de Holguín [……] Había también en la Ermita de Gibara algunos bancos pintados de oscuro, todo de muy pobre aspecto”.
Esta descripción basta para comprender el rápido deterioro que sufrió la ermita, que años después, gracias a la holguinera Victoriana de Ávila y González de Ribera, viuda de José Romero, fue reconstruida y regalada al pueblo de Gibara. Victoriana contrató al arquitecto catalán Juan Bautista Pons para que proyectara y dirigiera a pie de obra la iglesia actual. Ésta es la parroquia que ha llegado hasta nuestros días, con sus traslúcidos vitrales que filtran la luz solar iluminando las pinturas murales de los cuadros evangelistas que aparecen en sus pechinas, su cúpula central; su campanario y su gigantesco reloj, ubicados respectivamente en las dos torres laterales. A lo largo de 33m por 18m de ancho se extienden los muros de mampuesto que la conforman, dejando al fondo un espacio para la sacristía.
Este es un punto de reunión para toda la comunidad, sea o no católica. De una forma o de otra ¿quién no ha visitado alguna vez la iglesia para hacerse partícipe de alguno de los sacramentos? Un bautizo, un matrimonio, la eucaristía… han formado parte durante más de un siglo de la vida de los gibareños. Historia que se escribe, que se cuenta, que perdura y que sigue creciendo aglutinada tras estos muros que el próximo 11 de junio cumplirán 163 años de existencia.







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