Desde que en agosto del año pasado uno de mis lectores preguntó que dónde podría encontrar alguna referencia sobre el Festival de Música Electrónica celebrado en Caletones, me sentí endeudada. En esa oportunidad no pude encontrar opiniones fundamentadas que se refirieran al evento. Hoy, después de un año, me encamino a cumplir lo prometido.
Hasta Playa Caletones me trasladé con mi familia y un grupo de amigos. Tres acalorados días fueron suficientes y agotadores para poder llevar a todos los interesados este pequeño reportaje.
Durante el día, el sol obligaba a los participantes a refugiarse bajo alguna protección: tiendas de campaña, casas de verano o debajo de alguno de los pocos árboles que el pasado ciclón no logró arrancar de raíces, y que ya muestran recuperadas sus ramas. Por la noche, la luna nueva quedaba atrapada entre las olas de un mar encrespado por el chapoteo de los bañistas. La música se extendía desde la puesta del sol hasta el amanecer, sin existir ni un solo segundo de descanso. Aquellos que se pasaban de copas resolvían con un chapuzón en las frías aguas y nuevamente a mover el cuerpo al compás de la música electrizante y contagiosa. DJ provenientes de diferentes provincias cubanas fueron los encargados de mantener el cuerpo en movimiento.
Muchas opiniones negativas han rodeado el festival, pero lo que yo percibí fue una fiesta de pueblo, controlada y organizada al igual que otras desarrolladas en diferentes zonas del país. Percibí además el apoyo y sensibilidad de los gibareños ante el arte, independientemente de la manifestación que sea.
Junto a otros festivales, este demuestra una vez mas que Gibara en un sitio ideal y mágico para el esparcimiento y la recreación.
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